Hablemos de miedo...
Pero no de ese que te paraliza y te arrincona.
Si no de ese que te impulsa al vacío con un gran salto de fe.
Ese que te lleva a lugares internos de los que no tenías conciencia que poseías.
De ese que te causa adicción a lo desconocido.
Y que encaras temblorosa, y a fin de cuentas terminas tuteandolo.
El que te hace sentir tan chiquita y tan grande a la vez.
El que te saca una sonrisa coronada de una lágrima al haberlo conquistado.
De señales ataviadas de miedo tan seductoramente paralizante y motivante.
El que invariablemente lo acompañan vuelcos de corazón y estómago.
Antes, el miedo era la señal de darme la vuelta.
Hoy, se ha convertido en la señal de saltar al vacío y calmar las revoltosas mariposas que sacuden mi alma.

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